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Una de las cosas más bonitas que jamás he hecho viajando, ha sido sin lugar a dudas visitar un campo de refugiados sirio en Irak y poder ayudar a mejorar (aunque fuese a pequeña escala) la situación de una de las peores crisis humanitarias de toda la historia.

Para saber más sobre Irak, lee mis 50 consejos para viajar a Kurdistán

 

 

Visitando un campo de refugiados sirio en Irak

Darashakran. Así se llamaba el campo que visité. Está situado a unos 40km al norte de Erbil. En los alrededores de la capital kurda existen varios campos de refugiados distintos, todos ellos construidos desde los inicios de la guerra en Siria. La población en dichos campos ha ido incrementando constantemente desde su fundación, y a día de hoy en Darashakran viven más de 50,000 refugiados. Lo sé, es una puta locura. Es como una pequeña ciudad.

Darashrkran, un campo de refugiados sirio en Irak
Darashakran

Juguetes para los niños sirios

La razón por la que visité un campo de refugiados sirio, no era únicamente para averiguar en qué situación y condiciones vivían, sino también para traerles comida o cualquier otra cosa útil y poder ser capaz de entregárselo en persona. Los campos de refugiados de Irak no reciben mucha atención. El país entero está sumergido en la guerra y la pobreza, por lo que es muy difícil que los mismos iraquíes se preocupen de dichos refugiados.

Según me contó un kurdo local, la mayor parte de la ayuda proviene del mismo gobierno kurdo, pero es principalmente para satisfacer necesidades primarias: pasta, arroz, leche… Traerles comida sería de gran ayuda por supuesto, pero hablé con distintos kurdos y me dijeron que si quería hacerlo un poco diferente, podría comprar juguetes para los niños, ya que apenas reciben y de seguro que les pondría súper contentos. Me pareció una idea estupenda!

Así pues, antes de dirigirme hacia Darashakran, me detuve en el bazar del centro de Erbil y compré dos bolsas llenas con 30 juguetes para 30 niños distintos.

Lee: Qué ver en Kurdistán – Itinerario de 2 semanas

Comprando juguetes para los niños refugiados
Comprando juguetes para los niños

Dirección al campo. Mi nuevo amigo Sirio

La única manera de llegar a Darashakran era en coche. Shafia, que era la recepcionista del hotel en donde me alojé, me presentó a un amigo suyo que dijo que podía llevarme en su coche. Su nombre era Blend, y era un chaval joven que por aquellas casualidades de la vida resultaba ser también sirio.

De camino hacia el campo, descubrí muchas cosas interesantes acerca de Blend. Me dijo que se había venido a vivir con su familia a Irak unos diez años atrás en busca de mejores oportunidades. A día de hoy, su padre era nada más ni menos que el actual Ministro de Agricultura en Kurdistán. O al menos esto es lo que él decía.

Una de las cosas más interesantes que aprendí de mi viaje a Irak fue que la crisis migratoria siria no es algo nuevo que empezase con la guerra, sino que ha estado sucediendo desde hace más de una década. Por qué? Pues todo por culpa del régimen dictatorial de uno de los mayores hijos de puta del siglo XXI: Bashar Al Assad.

El camino hacia Darashakran fue de lo más agradable, y no únicamente por nuestras interesantes conversaciones. Al igual que en el resto de Irak, la carretera era simplemente preciosa. El sol brillaba a lo largo de campos verdes y plantaciones de trigo, en donde pequeños niños pastores deambulaban con sus ovejas.

Un pastor iraquí
Un pastor iraquí

Entrando dentro del campo de refugiados sirio

El campo era gigantesco. Mucho más grande de lo que podría haber imaginado jamás. Estaba completamente militarizado por los peshmergas (soldados kurdos), los cuales intentaban preservar la seguridad de los sirios. En la entrada, había un control de seguridad, pero gracias a Blend no tuve absolutamente ningún problema. De hecho, estuve más que bienvenido por traerles juguetes a los niños.

Una vez dentro del campo, paramos el coche, nos bajamos y nos hicimos con los juguetes a un lado de la calle. Le ofrecí un juguete a una niña que casualmente pasaba por allí. Tímidamente, lo cogió y se fue corriendo con su madre. Seguidamente, otros dos niños se me acercaron. Lentamente y con cierto grado de timidez, cogieron su juguete y se marcharon un tanto confundidos.

Todo parecía transcurrir bajo control, pero fue cuestión de segundos cuando todo el mundo empezó a darse cuenta y una gran avalancha de gente se me acercó, pidiéndome un juguete con total desesperación:

Refugiados sirios: ‘’Hey please, one toy for my daughter please’’

Al principio, simplemente me pedían si por favor les podía dar algún juguete, pero al final empezaron a quitármelo todo de las manos. En un minuto, me quedé sin uno sólo, y todavía un montón de ellos seguían pidiéndome más y más.

‘’Mierda… Tendría que haber comprador algunos más’’. Esto es lo que pensé, pero supongo que hubiese resultado en lo mismo.

Si vas en busca de un buen guía, te recomiendo enormemente que vayas con Karwan, el guía independiente que está detrás de Iraqi Kurdistan Tours. Si buscas información sobre él online, verás que tiene un montón de buenas referencias por parte de muchos viajeros, y es que el tío se está convirtiendo en toda una leyenda. Además, por ser lector de este blog te puedes llevar un descuento exclusivo del 5% en el precio final del tour, usando mi código promocional ATC-KURD. Simplemente, mándale un email a [email protected], mencionando el código de Against the Compass. (Por cierto, Karwan habla inglés).

Visitando un campo de refugiados sirio en Irak
Fase 1: Algunos niños se me acercan tímidamente
Fase 2: Cada vez son más los que se van acercando
Fase 3: La cosa se empieza a descontrolar
Fase 4: Me los quitan de las manos

En fin. Al fin y al cabo fue genial, y en cuando todo el mundo se marchó, un par de madres se me acercaron mostrándome su gratitud con una amplia sonrisa y de la manera más honesta posible. Juro que no puedo describir como me sentí en aquel instante, pero de seguro que fue unos de los momentos más bonitos de toda mi vida.

También querían invitarme a comer, pero no sé… Me hubiese sentido un poco mal por ello. Rechacé su oferta, pero a cambio acepté tomarme una taza de té.

Yo y mi amigo Blend

La vida en el campo

Una vez repartidos los juguetes, ya era hora de dar una vuelta y averiguar cómo es la vida dentro de un campo de refugiados sirio. Como ya dije, el campo era gigantesco, como una pequeña ciudad. Y no sólo en cuanto a tamaño, sino desde un punto de vista social. Como hacía ya 4 años de su construcción, los refugiados habían construido tiendas, había una escuela y hasta había una mezquita, entre otros servicios. Ya no vivían en tiendas de campaña, sino que incluso habían empezado a construir casas sólidas mediante materiales ofrecidos por el gobierno kurdo.

Refugiados construyendo sus nuevas casas
Refugiados construyendo sus nuevas casas
Refugiados con sus tareas rutinarias
Refugiados con sus tareas rutinarias

Pues sí, parecía que los sirios habían empezado una nueva vida, pero la verdad es que las condiciones del campo eran tan malas como me había podido imaginar. Era muy triste. Suciedad, polvo por todas partes. La higiene no abundaba demasiado. No hay mucho más que añadir… Afortunadamente, hay que destacar el gran trabajo por parte de Unicef Irak, ya que pude ver que eran los responsables de proveer el campo con agua corriente y servicios médicos.

Las calles de un campo de refugiados sirio
Las calles de Darashakran

Centenares de niños y hombres con sus trajes

Hubo dos factores a destacar que me sorprendieron significativamente. El primero de ellos, fue el gran número de niños que habitaban en Darashakran y que en realidad contribuían a la mayor parte de la población. Sin bromas. Había niños por todas partes.

La segunda y todavía más sorprendente, era la gran cantidad de hombres que vestían con traje. Me acordé de que que muchos de estos refugiados eran personas con un nivel de estudios superior. Desde abogados a ingenieros, muchos de ellos podrían haber pertenecido a una clase mediana siria. Estas personas seguramente disponían de un buen trabajo en Siria, y como es normal, debían de usar traje ocasionalmente. Cuando tuvieron que exiliarse a Irak, simplemente llenaron una maleta con toda su ropa, incluidos los trajes.

Niños sirios refugiados
Niños sirios refugiados

La verdadera historia de un refugiado sirio

Ya era hora de marcharse. Nos habíamos pasado la tarde entera deambulando por el campo, y cuando nos despedimos de todo el mundo, Blend me llevó a otro campo de refugiados con una peculiaridad en relación a los otros campos: era un campo para refugiados sirios muy ricos. Os lo podéis creer?

Refugiados sirios en Irak
Blend y sus amigos refugiados

Era un concepto totalmente diferente de campo de refugiados. Vivían en casas relativamente grandes, con jardín y todos tenían buenos coches. Blend me llevó porque su primo hermano vivía allí junto con su familia como refugiados. Me invitaron a su casa, a tomar té y a fumar shisha. Quería preguntarle a su primo como empezó todo y como había terminado en Irak. Me explicó que provenía de un bonito pueblo en el este de Siria. Un día, el Estado Islámico invadió y se apodero del pueblo. Tuvieron dos opciones. Someterse a sus leyes o marcharse. Esta era la única historia…

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Campo de refugiados sirio en Irak

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4 comments

  1. la verdad me parece hermoso lo que hiciste y no solo eso sino que además informes al mundo para que muchos más podamos ayudar. Espero hacer un viaje por medio oriente muy pronto y tu información es siempre útil.
    Saludos desde Argentina

    1. Hola Aixa, muchísimas gracias poe tu comentario. Me alegro que pienses que esta historia pueda inspirar a otras personas a hacerlo porque de verdad esta pobre gente lo necesita! un saludo,

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