5 Razones por las que terminé con los viajes de larga duración

Creo que esta es la primera vez que escribo un artículo sobre algo puramente personal, de mis emociones, de cómo me siento como viajero, pero qué demonios, estamos en cuarentena, sin poder viajar, y la cosa está en que después de hacer una pequeña encuesta entre los suscriptores del blog, much@s me dijeron que, mientras dure la dichosa pandemia, les gustaría leer algo más personal.

Así que, ahí te va.

Qué opinas sobre viajar indefinidamente?

En mi último viaje por África, me di cuenta de algo y es que para mí, se terminaron los viajes largos, los de varios meses, los de tiempo indefinido.

Se acabó, y no es ninguna broma, ni ningún farol, sino que es algo que llevo tiempo meditando.

Para ponerte en contexto, llevo 4 años viajando casi sin parar, con algún descansillo de por medio, sí, como por ejemplo, 7 meses en Tbilisi (Georgia), pero por mucho que descanses y te alquiles un piso entero, al fin y al cabo vives de una mochila y sabes que estarás allí de paso.

Algo que debes de saber es que viajar indefinidamente no tiene demasiado que ver con visitar un país a toda prisa durante tus dos semanas de vacaciones, para nada, y es que cuando se viaja sin fecha límite, uno acostumbra a planear sobre la marcha, improvisando y sin preocuparse demasiado. 

Y hay qué decirlo.

Levantarse por la mañana en un país exótico, sin un plan específico, siendo consciente de que tienes todo el tiempo del mundo por delante es una sensación de pura alegría, paz y tranquilidad.

A lo largo de estos años he vivido un sinfín de aventuras increíbles, conocido a viajer@s de putísima madre y sobretodo, me he dado cuenta de la de buena gente que hay repartida por el mundo, personas bondadosas, hospitalarias a quienes a menudo recuerdo y se me pone la piel de gallina.

Lee: Airbnb en un campo de refugiados palestino

Una familia de refugiados palestinos con quienes nos alojamos durante unos días. Una de las mejores experiencias de nuestras vidas.

Las experiencias de los últimos no tienen precio y desde eliminar prejuicios hasta aprender el verdadero significado de la hospitalidad, estos viajes me han hecho mejor persona, segurísimo.

Paralelamente a todas estas experiencias, he conseguido crear un blog de viajes con el me gano la vida y con ello, pues son muchas las lectoras y lectores quienes me escriben a diario contándome su historia, tanto sus miedos a viajar como sus logros, pero una de las frases que más se repite siempre es:

Joan, no sabes la envidia que me das, yo también sueño con algún día convertirme en viajer@ a tiempo completo.

¿Es la vida del viajero indefinido una vida envidiable realmente?

Al principio, pensaba que podría pasarme media vida con este estilo de vida, pero con el paso del tiempo, si bien viajar – y con ello aprender – continúa siendo mi hobby favorito, me he dado cuenta de que nivel personal tiene sus costos, y cuanto más tiempo transcurre, pues más altos son.

Es por ello que después de reflexionarlo mucho, he decidido poner fin a mi vida de vagabundo.

He aquí mis razones:

 

1 – Necesito tener un hogar al que poder volver

Voy a ser sincero.

El no tener un hogar fijo al que volver me ha estado produciendo cierta ansiedad en el último año.

Después del viaje a Etiopía, no tenía plan específico alguno, sino que la idea era apalancarme en alguna ciudad chula de Europa, como podría ser Tbilisi o Amsterdam, y disfrutarla hasta averiguar qué es lo que iba a pasar con mi vida.

Y sí, sonaba a un buen plan, pero con el paso del tiempo, tener una casa propia a la que volver se convierte en una necesidad primaria – y por casa propia, me refiero a tu casa, no la de tu familia en tu pueblo, en donde estoy ahora mismo pasando la cuarentena precisamente por no tener una casa.

Ya no se trata de tener un lugar en donde guardas tus cosas y descansas, sino todo lo que conlleva y define la palabra »hogar»:

Tener un sentido de pertenencia, un círculo permanente de amigos, una rutina, hacer actividades de gente normal como ir al teatro o también, qué demonios, algún día pues crear una familia.

Tbilisi, Kiev o la Ciudad de México son algunas de las ciudades en las me he pasado un tiempo en los últimos años, lo cual fue genial, pero tener que empezar de 0 en una ciudad cada X meses es algo que cansa.

Y llámame materialista, lo que quieras, pero es que al final, poder colgar tus marcos con fotos, comprar utensilios de cocina y hasta tener un armario con ropa para todas las estaciones, son pequeños detalles que realmente echas de menos cuando llevas demasiado tiempo viviendo de una mochila.

Por el momento, encontrar una base y un lugar para vivir es lo que más me urge.

Realmente Kiev es una ciudad genial

 

2 – Uno no puede vivir en una realidad paralela para siempre

Una de las mayores ventajas de viajar por países, digamos, poco convencionales, es que uno también se encuentra con viajer@s poco convencionales, es decir, gente muy viajada con muchas historias que contar.

En mi viaje a Pakistán, estuve viajando durante una semana con un australiano un tanto excéntrico de unos 65 años, un hombre quien llevaba más de 40 años viajando sin parar, y aquella era su 19ª vez en Pakistán.

Era un gran viajero que se había recorrido más de medio mundo, de los auténticos, de los que no presumen, pero con mogollón de historias inspiradoras que hicieron darme cuenta de que yo no era más que un novato a quien le quedaba mucho camino por recorrer.

Admiraba su filosofía de vida, pero con el paso de los días, cuando nuestras conversaciones se volvieron más personales y profundas, me di cuenta de que en realidad no era una persona feliz, y es que hasta él mismo me reconoció que la vida del viajero eterno tenía un precio, y este precio es el de quedarte atrapado en una realidad paralela, sin posibilidad de dar vuelta atrás.

Cuando uno viaja indefinidamente se envuelve en una especie de burbuja que hace que fuera de dicha burbuja, el tiempo se detenga, y por fuera de la burbuja me refiero a tus círculos, a tu hogar.

Yo mira, tengo la suerte de contar con varios círculos de amistades con quienes intento siempre mantener el contacto y con quienes hacemos fiestas siempre que estoy de vuelta, pero por mucho que mantengas el contacto, el distanciamento es inevitable.

Y no únicamente porque llevas demasiado tiempo fuera – esto le pasaría a cualquier persona que viviese en el extranjero – sino porque cuando estás dentro de aquella burbuja, tu perspectiva del mundo también cambia, cambias como persona, y con ello pues, poco a poco, te vas dando cuenta de que cada vez tienes menos cosas en común con tus amigos de toda la vida.

Después de pasarse la vida viajando, aquel australiano me contaba que no había conseguido encajar en ningún lugar, ni tan siquiera en su país, y es que había pasado demasiado lejos alejado de la sociedad y su círculo se le había ya pasado la vida entera por delante.

Hasta cuándo puede uno vivir en dicha realidad paralela?

Supongo que como todo en la vida, se tratará de encontrar un balance entre hacer aquello que te haga feliz, pero sin jamás llegar a perder tus raíces, porque tus raíces, el lugar de donde vienes, en mi caso Catalunya – o España, como quieras llamarle – es tu identidad, y es algo que jamás debes de perder.

En algún lugar del Valle de Swat, en Pakistán

 

3 – Viajar cansa, y además no es sano

Viajes de 8 horas en un mini-bus con 20cm de asiento, dormir en el suelo (en el mejor de los casos) o ducharte con un cubo de agua fría.

Si lo miro por el lado bueno, viajar por este tipo de países me ha hecho dar cuenta de que somos asquerosamente privilegiados, y el verdadero problema sería no admitirlo.

Pero por el otro, cuánto tiempo puede uno aguantar sin las comodidades del mundo occidental?

Viajar en plan mochila por países hardcore se hace bastante duro, y más yo, que voy por la vida con 10kg de material fotográfico y electrónicos, sin contar con el saco de dormir, la tienda de campaña, un colchón hinchable y todo lo demás.

Aunque personalmente, lo que más me afecta es el tema de la comida.

Primero, soy de a los que le gusta comer bien, y segundo, que soy una persona un poco obsesiva con el tema de los nutrientes y de comer sano, y claro, sucede que en esta clase países, las opciones de comida son muy limitadas, comes a deshoras y rara vez puedes estar más de dos días comiendo sano.

A ello, súmale la cerveza que ingieres a diario por estar de vacaciones permanentes, y que apenas haces deporte – andar mucho no es deporte – y te darás cuenta que a la larga, viajar indefinidamente no es sano para tu cuerpo.

Acampar en medio de la nada mola un montón, pero a mí no es algo que me guste hacer durante muchos días seguidos

 

4 – Viajar mucho hace que pierdas el interés

Esto le pasa a todo el mundo.

Durante las primeras semanas estás ultra-mega a tope, todo te parece una maravilla.

Le sacas fotos a todo lo que se mueve, les deseas los buenos días a todo el mundo, visitas todos y cada uno de los monumentos, y te levantas con la salida del sol todos los días para que te de tiempo a verlo todo.

Pero lamentablemente, es inevitable que con el paso de los días, empieces a perder el interés en el viaje, en el sentido de que te vuelves más vago.

Vamos a ver, uno sigue disfrutando, pero cuando llevas ya semanas viajando, empiezas a priorizar la vida social y te da pereza ponerte a sacar buenas fotos.

Para ponerte un ejemplo, a quién no le han dado ganas de suicidarse después de visitar su 28º templo budista en el sureste asiático?

El entusiasmo y el efecto WOW no pueden durar para siempre, por eso a la larga es mejor hacer viajes más cortos.

En algún lugar de Arabia Saudita, con saudíes quien acabamos de conocer

 

5 – Y si vives de un blog, los viajes largos pueden resultar agotadores

Esto es una putada que va muy relacionada con el punto anterior.

Cuando llego a la fase de cansancio, desinterés o pereza, en vez de tumbarme bajo el sol con una cerveza y no hacer nada durante unos días, siento la tremenda obligación de seguir haciendo fotos y visitar lugares.

Y esto es culpa del blog.

Es una situación con la que al principio podía lidiar sin problema, pero que con el paso de las años, se está convirtiendo en algo un poco desagradable.

Durante las primeras semanas del viaje, estoy siempre híper-motivado, porque lo de sacar fotos, tomar notas, preguntar precios o buscar información, es algo que realmente disfruto, pero imagínate estar haciendo esto cada día, durante meses.

A veces, no te dan ganas de ir a visitar cierto lugar, pero lo haces porque necesitas la información para escribirla en el blog, porque quiero que todas mis guías y artículos estén completas y porque no quiero que disminuye la calidad. Soy demasiado exigente.

Esta parte del blogging lo he puesto como último punto, pero es lo primero que empezó a afectarme, y la única solución viable que le veo es la de enfocarme en viajecitos puntuales y mucho más cortos con el fin de mantener la motivación al 100%.

A menudo, tener que estar buscando la mejor toma de fotos continuamente, en vez de disfrutar del lugar, puede resultar absokutamente agotador

 

Conclusión

Y qué pasará con Against the Compass?

Si te has leído bien el artículo, habrás entendido que no se trata de parar de viajar, sino de cambiar el estilo de vida.

Viajar y aprender de otras culturas continúa siendo mi mayor hobby, pero en vez de hacer viajes largos, pues me apetece hacer viajes puntuales de 1 o 2 meses a un destino específico cada X meses.

Aunque tampoco tengo un plan concreto, sino que el tema es hacerlo cuando me de la santa gana.

Es lo que siento ahora mismo, aunque también hay que decir que soy una persona bastante impredecible que cambia de opinión constantemente y que no descarto que dentro de un tiempo me vuelva a picar lo que se conoce en inglés como el travel bug (el bicho viajero) y me largue por ahí sin rumbo alguno.

Por ejemplo, tengo pendiente algún día viajar desde Barcelona a Sudáfrica por la parte oeste de África, pero es un viaje que no quiero hacerlo con mochila, sino con una furgoneta, acompañado y además, no tengo ninguna prisa en hacerlo.

Quién sabe, ahora mismo la prioridad es encontrar una base y tomármelo todo con más calma, pero decirte que de momento, tendrás Against the Compass para rato. Un abrazo.

22 comments

  1. Se agradece al sinceridad de tus palabras ya que hay viajeros que y blogeros que parece que viven en un eterno ‘happy mood’. Seguro que, de una manera u otra, encuentras tu Norte. Como tu bien dices en tu entrada «somos asquerosamente privilegiados». ¡Suerte para ese otro viaje de la vida que emprendes!

    1. Gracias, Iratxe, te digo que en mi experiencia, no conozco a un solo blogger, o viajero a tiempo completo, que no tenga una opinión o experiencia similares, aunque muchos quieran aparentar lo contrario 🙂

      1. Yo he estado en Etiopía, Irán y próximamente Arabia Saudita. Todo esos viajes los hecho siguiendo los consejos de tu blog ( tuyos). Lo del viaje a Sudáfrica por la costa oeste de Africa parece interesante. Yo he visto en you tube a gente que la hace en moto en bicicleta y hasta a pie.

        1. Qué bueno Juan, gracias, espero que pronto puedas ir a Arabia Saudita. Con un poco de suerte, se podrá viajar cuando llegue el invierno, la mejor época para visitar Arabia Saudita.

          Lo de hacerte el oeste de África a pie me parece un locura!

        2. Voy el día 19 de septiembre. Para esa fecha espero que el problema esté sanitario se haya solucionado. Yo soy de Valencia pero vivo en Estados Unidos desde hace 8 años (Utah). Tu blog me ha inspirado algunos viajes. Moltes gracies per tot. Adeu

  2. Qué pena… pero quién necesita un cambio, necesita un cambio.
    Yo llevo ya dos intentos frustrados de irme a hacer viajes largos e indefinidos en menos de un año (¡DOS, joder!). Hace unas semanas me tuve que volver de Botsuana corriendo porque cancelaban los visados y cerraban aeropuertos por el maldito Covid.

    Hay que abrazar el cambio. Aunque seguro que intentar encajar en un lugar también se te hace difícil a veces, porque todo tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

    En fin, espero que dentro de algunos años, pueda decir que me canso de viajar indefinidamente, jajajaja.

    ¡Un abrazo!

    1. A ver si a la tercera va la vencida! El viaje de Botswana, era parte de este viaje largo, o todavía no?
      Ánimos y suerte, tarde o temprano volveremos a viajar y el mundo seguirá estando allí 🙂

  3. Juan Ramón Aznar Colino

    Está bien, reflexionar, pararse, y cambiar el rumbo. En mi caso, en su día, no me provocaste una envidia especial, soy viajero calmado y sin la pitera para hacer cosas así, pero sí una atracción y seguimiento a esa actividad, vista ahora y creo que antes tan «dura». Se dice (que te quiten lo bailao), y tu has bailao mucho. Cualquier idea para seguir en movimiento es buena, y tu seguro que tienes muchas. Salud y suerte.

    1. Gracias, Juan! Y sí, la idea es seguir como ahora, así que desde un punto de vista del lector, no creo que cambie demasiado. La idea a corto plazo es ir haciendo viajecitos y hacer de Against the Compass una comunidad para inspirar a otros viajeros. Mucha suerte, a ver si nos conocemos un día!

  4. Me sentí muy identificada con lo que escribiste. En mi caso también eché raíces hace unos años y estuvo bien, me instalé en la que es ahora mi casa y me rodeé de personas bonitas, muchas nuevas, con las que construí vínculos sólidos con el tiempo. Sigo viajando 1-2 meses al año como mínimo (siempre a destinos poco habituales, tengo pendiente hacer en tu blog algun aporte de mi viaje reciente a Pakistan) y lo disfruto mil, soy como una niña con zapatos nuevos cada vez que me subo a un avión. Y vuelve a haber la magia que también flaqueaba a veces en viajes muy largos, todo vuelve a ser sorpresivo, alucinante, intenso. Y después de unos años de ese regreso a Barcelona ahora ha vuelto a revolverse el bichito en el estómago y justo antes del Covid iba a volver a marcharme 6 meses, me lo pedía el cuerpo. Creo que es como el bichito de la malaria, parece que está dormido y no afecta, pero cuando menos te lo esperas… psss, asoma la cabeza.
    Una abraçada Joan i endavant amb aquest altre viatge.

  5. Es un articulo maravillosamente sincero, solo oí hablar antes así a Aniko Villalba y creo que decidió varar en algún lugar,, y reflexionó. Lo de los «happy travellers», creo que ya esta acabado. Veremos que sale de este mundo viajero, después de la pandemia, pero tal vez hacia falta esta sacudida, también en el mundo blogger.
    El último punto es escalofriantemente sincero, es tanta la presión que al final el blog manda sobre tu vida. Por eso y a pesar de viajar casi todo el planeta, yo no tengo blog, y va a ser difícil. Tengo todo en paperbacks de notas y dibujos, y bueno algun dia le daré forma. Entiendo tu postura absolutamente y se agradece tu sinceridad. A mi me paso antes con la Arquitectura y jamás volveré y también me puede pasar con los viajes… vivir varias vidas en una sola es saludable.. Gracias

  6. Muy Bien ! Te felicito Joan. Hay épocas para cada cosa y nuestra cabeza cambia con los años. Decidís una forma diferente de viajar, que no es ni mejor, ni peor. Lo bueno es que vas a estar 100 x 100 metido en cada viaje que hagas, y cuando llegués a los 58 años como yo, vas a ver que cada vez es más difícil esos viajes apretados sobre una madera de 8 hs, o dormir en el suelo de una estación, o dejar de comer durante un día…
    Has hecho hasta aquí algo realmente maravilloso, lo que viene va a ser igual y hasta mejor. Abrazo. Jano

    1. Muchas gracias, Jano, por los ánimos, y no te falta nada de razón. Cuando empecé a viajar, no me importaba dormir unas noches en habitaciones turbias si con ello me ahorraba unos cuantos €, pero es que ahora ni de coña, y supongo que cuando llegue a los 58, más exigente me voy a volver!

  7. Bon dia Joan,
    M’imagino, des del desconeixement, que per una persona d’esperit lliure i acostumada a no parar quieta com tu, el confinament deu ser una situació més dura comparada a la que patim les persones que estem acostumades a la rutina i els desplaçaments diaris a la feina, d’anada i tornada.
    Els meus viatges són escapades de 8 dies (amb molta sort) a l’estiu, amb la fal·lera de veure-ho «tot» i creure que coneixerem un país, una ciutat, un poble i la seva gent només pel fet d’haver-hi passat i conversat uns moments.
    El meu camí ha estat molt diferent al teu. Sóc molt més gran (m’acosto als 55) i tinc marit i 3 fills ja adults. Duem una vida que sempre hem dit «normal», però ara, amb tota aquesta crisi sanitària, social i econòmica ens ha fet reconsiderar tota l’escala de valors i recordar-nos que som uns privilegiats.
    Fa molt poc que vaig descobrir el teu blog i va ser perquè sommiava fer una visita llampec a Geòrgia, i, en llegir-lo, m’ha despertat una certa enveja, no sé si sana.. però crec que puc entendre el que dius sobre la necessitat de fer un parèntesi, fer arrels, refermar llaços amb la família o començar-ne una de nova.
    Tots els amics que has conegut t’han donat prou bagatge i coneixements infinits que t’han fet gran persona solidària, tolerant, respectosa i sàbia. És per això que crec que la nova etapa que comences estarà plena d’èxits, que serà prou plena com la que has dut i, de ben segur que podràs trobar una manera de gaudir-la i de compartir-la amb els que t’estimen.
    Disculpa el rotllo «mode mama» que t’he fet. Segur que a casa t’han enyorat molt i patien per tu quan eres fora, i ara estan feliços de tenir-te a prop.
    Així doncs, continua amb el bloc i, sobretot, salut i força!
    Margarida

    1. Hola Margarida, de cap manera, moltíssimes gràcies pel teu missatge, m’ha agradat.

      No creguis que el confinament se m’està fent tan dur únicament perquè sempre estava fora.

      Al cap i a la fi, el que ara mateix trobo a faltar moltísim és el contacte amb la gent, quedar amb el amics, baixar al bar de sota casa, caminar per la platja, vaja, són tots aquests petits detalls que al cap i a la fi, son propis d’una vida normal, rutinària, però que al cap i a la fi, són els més importants.

      Una abraçada!

  8. Bienvenido al mundo de los mortales. Entiendo tu planteamiento Juan y cuando me refiero a mi mundo como el de los mortales, me refiero a los que solo pensamos, leemos y planeamos viajes; el de los que también concebimos un viaje como lugares, experiencias y sobre todo gente y contacto con gente diferente.
    Los mortales somos los que tenemos lastre que nos impide dar rienda suelta a nuestro impulso viajero y por tanto tenemos que racionar los viajes.
    De todas maneras siempre existirá el chute que supone salir de viaje sin saber muy bien dónde acabarás ni cuando volverás. Ese chute no es comparable a nada.
    Brindemos por el chute.
    Un abrazo Juan

  9. Gracias por este artículo Joan, me siento identificada con tus palabras. Me flipa viajar, pero soy una persona introvertida, con historial de depresiones y creo que con – demasiado – pensamiento crítico. Eso a veces hace que el mundo me resulte pesado y cuando viajo, tengo más que asumido que he de contar con tiempo extra solo para las veces (y hablamos de días si toca SPM) cuando no quiera ni salir de la cama. De algún modo, incluso he creado de esta sinceridad o actitud «pesimista» un nicho para crear contenido. Pienso que se habla mucho de cómo viajar y pasártelo genial, pero poco de como aceptar que tus emociones estén totalmente revueltas cuando veas todas las posibles injusticias en el mundo, tengas que mantener atención constante para que no te engañen, lidiar con las miradas que se te pegan todo el tiempo en las zonas menos turísticas, etc. .. Viajar para mí es una experiencia hermosa, inigualable, tanto para el autoconocimiento como para conocer otras formas de ver el mundo y aceptarlas sin juzgar – pero cuando volvemos, pocas veces compartimos con la gente el bajón que nos dió esto u otro, se asume que cuando viajas, debes estar de por sí feliz. Y no se comprende que viajar (por libre) es vivir la misma vida que «en casa», pero con muchos más obstáculos y enfrentamientos. Por un lado, te hacen más duro, quitan timidez, te «fuerzan» a sobrevivir, por otro, cansan. Me encanta observar a las personas, me encantan las ciudades llenas y las culturas más diversas y distintas a la mía, pero la gente me exprime la energía. Y seguramente much@s se identifiquen con la frustración y vagueza que se siente al mes tras estar viajando y teniendo que buscar tan solo un lugar bueno para desayunar, comer, cenar y aún con ayuda de blogs, google o recepcionista decepcionarse, jeje. Supongo que entonces pienso en lo fácil que es entrar en mi cocina y coger lo que quiera, sin mucho más. No considero haber viajado mucho, pero con cada viaje, he podido entender mejor qué manera me cae mejor, qué me cansa o qué comodidad necesito. Que me gusta ir improvisando, que en algunos países me sobran 5 días y en otros me podría quedar meses, aunque pienso que unas 3 – 4 semanas son mi ideal para conocer un país. Eso sí, reconozco que no hay mejor momento para estar deseando irme de viaje que en el que acabo de aterrizar de uno del que ya estaba (literalmente) harta. El descanso y las rutinas son esenciales para tener ganas de salirnos de ellas y al revés.

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