Miedo y asco en Somalilandia

Estaba drogado, en Somalilandia.

Sí, literalmente drogado, ciego de una droga local llamada khat, una planta con efectos metanfetamínicos que se consume en varios países del Cuerno de África y en Yemen, pero que parece ser que Somalia es el país con el mayor número de adictos por cápita.

Imaginarse el efecto de una droga que jamás has probado resulta difícil, pero para que lo entiendas, lo que más se le parece es la hoja de coca, pero un poquito más intensa, en el sentido de que te das cuenta que vas colocado y además, es afrodisíaca, bastante.

También te dan ganas de hablar y te otorga un chute extra de energía, con ligeras ganas de irte de fiesta, pero yo andaba colocado en una aldea medio despoblada de Somalilandia, dentro de una habitación, sentado entre un barrigón que se pasaba el día mirando reality shows africanos, y un hombre medio raro que no paraba de mirarme con su sonrisa de dientes negros.

Me fui a dar una vuelta, caminando a paso doble, con unas tremendas ganas de socializarme, algo que, por fortuna, no resulta demasiado difícil en la República no reconocida de Somalilandia.

Aquella noche no puede dormir.

Mi compañero de khat y el dueño de mi guesthouse en Zeyla

 

Mochileando por Somalilandia, una experiencia peculiar

Somalilandia es un territorio que se declaró independiente de Somalia en 1991, pero debido a que nadie de la comunidad internacional lo reconoció como tal, pues se convirtió en una de estas repúblicas fantasma, es decir, en un país no reconocido.

Técnicamente, Somalilandia pertenece a Somalia, pero actúa como un país plenamente independiente y la principal diferencia entre ambos es que, mientras que Somalia es un régimen dictatorial sumido en una guerra civil, Somalilandia es una democracia en donde se respira paz y tranquilidad.

Oye, y qué tal Somalilandia? Mola o qué? – Me preguntaban a menudo.

Bueno, pues no sabría qué decirte, depende de lo qué entiendas por »molar».

Si te refieres a si hay cosas qué visitar, pues la verdad es que salvo un mercado de camellos y una cuevas con pintadas de arte rupestre – que por cierto, son impresionantes – Somalilandia no tiene demasiado potencial turístico, ni tan siquiera su capital Hargeisa, una capital hecha polvo, consecuencia de no haber pertenecido a la ONU y por lo tanto de jamás haber recibido ni un sólo € del Banco Mundial.

Sin embargo, si te gusta conocer a gente local, ver cosas raras y tener historias que contar, opino que Somalilandia es la aventura definitiva para los mochileros.

Para que te hagas una idea del país, esta foto es del centro de la capital

 

Sin ir más lejos, el fenómeno del khat es bastante interesante

Un hecho bastante peculiar de Somalilandia es que hay mogollón de somalíes extranjeros, somalíes que han nacido en distintas partes de occidente, pero que en algún momento de su vida, quizás cuando hubiesen ahorrado lo suficiente, habían decidido volver a su tierra de origen.

Te encuentras a muchísimos y la gran mayoría provienen de Londres, pero también los había de Nueva Zelanda, Australia y EEUU.

Recuerda un día paseando por Hargeisa, se me acercó un tipo con perfecto acento británico:

Hola! A dónde vas? Estás viajando?

Era un joven somalí que había nacido y vivido toda su vida en Londres, pero que al cumplir los 25, sus padres le habían medio obligado a irse a trabajar a Somalilandia durante 1 año entero, con el fin de que espabilase un poco y aprendiese de su cultura. Su tío tenía un hotel, y él pues estaba trabajando en el restaurante del hotel. Nos fuimos a tomar un café.

Y cómo llevas el cambio de Londres a Hargeisa?

Bueno, es un poco raro. Está bien, interesante, pero me siento bastante desencajado, y éso que más o menos hablo el idioma.

Y qué es lo que haces aquí cuándo no estás trabajando?

De momento, no demasiado. Llevo aquí 2 meses y resulta difícil conocer a gente cuyos intereses vayan más allá de comer khat.

La típica ración de khat, súper amarga por cierto

Me lo creí. Durante el viaje, a mí también me dio la sensación de que el único hobby que tenían los hombres era el de comer khat, todos los días, desde el mediodía hasta la hora de cenar.

El khat es un problema social muy gordo. Sin contar con todos los efectos nocivos para la salud, que son varios, comer khat es un vicio muy caro. Una ración de una calidad medianamente buena te cuesta unos 3-5$, y claro, multiplicado por todos los días del mes y teniendo en cuenta el salario promedio de Somalilandia, el resultado es que son miles y miles los somalíes que se gastan prácticamente todo su sueldo en comer khat, y como el khat además te quita el apetito, hasta se olvidan de comer.

Un fanático del khat

En la capital Hargeisa, el vicio global no es tan obvio, ya que es una ciudad grande y ves toda clase de gente, pero basta con irte a cualquier otra ciudad en donde no haya mucho qué hacer, como podría ser Berbera, para darte cuenta de que la gente no hace nada más que colocarse de khat, y es que a partir de las 3 de la tarde, vayas a donde vayas, todo son paradas de khat y gente comiendo khat.

La típica parada de khat

Su rutina diaria se limita a juntarse entre 5 y 20 amigos, tumbarse en la sombra y pasarse toda la tarde colocándose.

Un día, hasta conocí a un pedazo de yonki que se dedicaba a picarlo fino porque el colega se había quedado sin dientes.

Pero bueno, te digo que los somalíes son gente maja, y mientras que cuando viajas por Irán, la gente te llama desde lejos para que te sientas a tomar el té con ellos, en Somalilandia, los locales te invitan a comer khat.

El fenómeno del khat es una experiencia que tienes que ver y probar.

MIRA EL VÍDEO DE CÓMO SE COME KHAT!


 

Las autoridades tampoco terminan de entender el concepto del viajero independiente

Acababa de llegar a Zeyla, una pequeña aldea ultra-aislada, sentada en una península en las orillas del Golfo de Adén, a 30km de la frontera con Yibuti.

Yo había llegado a Somalilandia precisamente desde Yibuti, un viaje bastante duro, cansado, pero llegar a Zeyla fue un alivio, y es que era una aldea súper tranquila, sin ruido, muy tradicional y llena de gente amable, un lugar al que me apetecía quedarme unos días escribiendo un par de cosas que tenía en mente.

Sin embargo, no terminó de ser así.

Eh, tú, ven aquí – me dijo un tipo bastante antipático desde un 4×4 situado a unos 20 metros, nada más empezar mi primer paseo.

Yo, por qué? Ven tú si quieres.

Yo seguí con mi paseo, pero a los pocos segundos, el hombre arrancó al coche hasta frenarse junto a mí.

Eh, que soy el Gobernador del distrito, un poco de respeto.

Ya allí me di cuenta de que por mucha democracia que fuese, Somalilandia era otro de estos países ultra-jerárquicos donde la gente con este tipo de cargos se creen superiores y con derecho a ejercer su actitud arrogante y autoritaria hacia el resto. 

Por qué estás por aquí solo? No puedes andar por aquí sin guía, no es seguro.

Cuál es el peligro? – Le pregunté.

Enséñame tu permiso de viaje.

Qué permiso? Yo tengo mi visado totalmente en regla. Si quiere se lo enseño.

El supuesto gobernador le echó un vistazo a mi pasaporte, llamó a no sé quién, y se marchó, sin más.

Me senté en la terraza de una de estas barracas donde sirven café y donde finalmente pude conversar con la gente de a pie, somalíes simpáticos, curiosos, amables, de los que mola conocer cuando uno viaja. Estuve un buen rato hablando con un chaval que trabajaba como contable, hasta que llegó otro pesao a darme la lata.

Buena gente en Somalilandia

Hola, me enseñas tu permiso? – Me dijo mientras me enseñaba una placa en donde se podía leer Ministerio de Turismo.

Perdón, no sé de qué permiso me habla. Yo ayer crucé la frontera a 30km de aquí, pasé varios controles y nadie me dijo nada. Tengo el visado en regla y el sello de entrada respectivo.

Llamaron al propietario de mi hostal – el barrigón de la introducción – quien llegó medio estresado.

Estuvieron hablando un buen rato, no sé de qué exactamente, hasta que me dijo:

Vale, no pasa nada, pero no puedes hacer fotos.

Cómo que no? Y por qué no?

Se pusieron de nuevo a murmurar entre ellos.

De acuerdo, puedes sacar fotos de todo menos de edificios militares.

Allí no había ninguna regla escrita. Cada uno dictaba lo que le daba la gana, lo que le parecía bien en aquel momento, quizás para mostrar su aire de superioridad, su arrogancia, quién sabe, pero la cosa no terminaba ahí.

Más buena gente de Zeyla
Somalíes en la hora del khat

 

Pequeños incidentes con la policía

A pesar de no parecer más que un pequeño asentamiento, Zeyla es hogar de una de las mezquitas más antiguas de todo el este de África y su puerto ha sido mencionado en escritos de más de 3000 años de antigüedad, y aunque a día de hoy no sea el puerto más importante de Somalilandia, sigue siendo bastante relevante por su posición estratégica.

En fin, después de aquellas pequeñas discusiones, me fui a dar una vuelta siguiendo la orilla de la península hasta llegar a lo que parecía ser el principio de un muelle donde habían barcos y algunos pescadores.

A pocos metros, vi a un tío que me estaba haciendo un vídeo en plan descarado y enseñándoselo a su amigo mientras se reían. Eran bastante tontos, pero después me acerqué a ellos y me puse a grabarle la cara. Al final nos echamos unas risas.

El tío que me grababa

Me di una vueltita por el muelle y al regresar, desde lejos vi a un hombre uniformado que no paraba de gritar hacia mi dirección y haciendo gestos con los brazos. Sinceramente, no acababa de estar seguro de si los gritos eran hacia mí, pero de todas formas pensé – que le den – y me volví por donde había regresado.

De repente, lo vi acercándose corriendo a toda leche y gritando:

Hey, FUCK YOU, FUCK YOU, FUCK YOU!!

Estaba flipando. Pero este tío de qué va?

Dude, what the hell, FUCK YOU – le dije – (colega, pero qué demonios, que te jodan a ti)

Aquel tío era un histérico. No paraba de gritar, le dije que se calmase e hice un intento de marcharme, pero uno de sus compañeros me agarró del brazo.

WE WILL FUCKING KICK YOUR ASS IF YOU TRY TO ESCAPE  – (Te vamos a dar de patadas en el culo si intentas escapar)

Estoy transcribiendo su reacción de forma literal, os lo juro, aunque quiero creer que su inglés era muy básico y que no era consciente de la gravedad de aquellos insultos.

Me llevaron a la estación de policía, formada por 4 barracas mal puestas.

Había un grupo de polis, y en medio un hombre con barba que parecía el jefe, un tipo extremadamente arrogante con gafas de sol quien ni se dignó a mirarme a la cara, pero que les iba dando instrucciones sobre lo que tenían que preguntarme:

Qué hacías en el puerto? Es una zona militar prohibida. Por qué entraste?

Fue sin querer. Yo iba simplemente caminando siguiendo la orilla hasta que de repente llegué al muelle. Si tan sensible y prohibido es, la próxima vez poned un cartel y una valla.

Su inglés era muy básico, así que no terminaban de entenderme. Yo estaba de bastante mal humor después de haber recibido los insultos y el trato del policía de antes, y se lo dije, pero les daba igual.

Me dejaron allí más de 1 hora. Yo de mientras los iba observando. Había unos 10 o 15 policías, todos sin hacer nada, y tenían a una chica de nos más de 22 años semi-esclavizada sirviéndoles el té.

De vez en cuando, se me acercaban otros polis a hacerme las misma preguntas. Yo les respondía lo mismo, pero seguían sin entenderlo.

Al final, decidieron llamar al dueño de mi hotel, quien llegó, de nuevo, a mi rescate, semi-estresado y medio-ahogándose, como si hubiese venido corriendo.

Pobre chaval – pensé entre risas.

Se puso a conversar con los policías y finalmente me dejaron marchar.

De camino al hotel, me dijo:

Joan, por qué entraste en el puerto sin permiso?

Y dale, que pesaos, se lo he explicado 20 veces. Vamos a ver, si no hay carteles ni valla, yo qué voy a saber?

No estaba asustado. Si algo he aprendido de viajar por estos países es que como europeo, u occidental, tenemos ciertos privilegios. No te van a hacer nada porque en el fondo saben que no eres más que un turista rico, pero a la policía de Somalilandia le gustaba mostrar sus aires de superioridad, y la verdad es que habían conseguido agotar todo mi buen humor, así que me fui a caminar bien lejos del pueblo, hasta llegar a una zona tremendamente aislada formada por una península desértica y una mezquita, uno de los paisajes más remotos que jamás habré visto.

MIRA MI VÍDEO CON EL DRONE!

Por la noche volví al hotel, cargado de buen humor, donde otra vez me estaba esperando el dueño con cara de cierta preocupación:

Joan, me acaban de llamar otra vez de la policía, dicen que te han visto otra vez sacar fotos de edificios militares.

Pero qué dicen, si ni he estado en el pueblo en toda la tarde…

Menudos personajes. Ya no sabía si reírme o llorar.

Al día siguiente, nos pasamos el día comiendo khat con el del hotel, y su amigo raro de los dientes negros.

Empecé a sentir cierta hiperactividad y aquella noche no pude dormir.

A mí Somalilandia me moló, me flipó, pero entiendo que no es para todos los públicos.

comiendo khat

 

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5 comments

  1. Hola Joan!
    Un post con experiencias muy interesantes.
    El khat es un serio problema en algunos paises como has dicho. Estuve en Yibuti hace un par de años visitando el país y regresé este año donde hice un voluntariado. Uno de los paises más pobres donde he estado. A partir del mediodia el país se paraliza la mayoria de la población se droga con khat. Un amigo que vive allí desde hace unos 3 años me explicó como la gente se gasta la mayor parte del dinero en khat (como tu dices es muy caro segun la calidad) y luego no tienen casi ni para comer. Tremendo.
    A mi ofrecieron algunas veces pero no lo probé. No querian que hicieses fotos de las paradas donde lo vendian. Me gritavan y enseguida venia algun tipo y me decia que era policia (evidentemente no lo era) y que estava prohibido hacer fotografias. Realmente para verlo.

    1. Confirmo lo de las fotos en Yibuti!

      Yo también estuve sacando fotos por la ciudad y muchos me venían diciendo que lo de sacar fotos estaba prohibido. Algunos eran particularmente desagradables.

  2. Conozco algunos países de el cuerno pero ni por asomo Somalilandia jaja estuve en Yemen hará 30 años y me quede fascinado por aquel país creo que ha sido el que me marco más de mis muchos países que he visitado y probé el khat y era como una droga muy suave más que la maría Pero te puedo asegurar que el país que más miedo he sentido fuE brasil y es un país muy bonito pero tuve muy mala suerte con su gente y el poco valor que tiene la vida

    1. Hola Antonio! Hay muchos tipos de khat, y algunos son realmente potentes, de verdad!
      Considérate afortunado por haber estado en Yemen, sobretodo antes de toda la crisis actual que está destrozando el país. Me encantaría ir.
      Yo siempre digo que los países que dan más miedo son los más turísticos de Latinoamérica 🙂
      Un saludo!

  3. buen relato, que alegría poder sentir algo de libertad verdadera y sentir esa valiente rebeldía que relatas, ante las injusticias «antisociales» de patanes respaldados por un arma, facilitada sin que la merezcan o sin ser dignos de portarla, saludos humildes y sinceros de alguien no tan valiente para vivir su libertad.

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